"Hay días en que uno se despierta e inicia con esa tarea automática de cada mañana, esa rutina física en que todo va funciona sin pensarlo y a veces cuando realmente hemos despertado, tenemos ya ese café o ese chocolate en la mano, que nos devuelve la conciencia al cuerpo de nuestra propia monotonía rutinaria, e inicia el sin fin de tareas que deben realizarse en el día, o bueno eso es lo que normalmente nos pasa, hasta que hay cosas que nos hacen despertar de ese inconsciente. Esa mañana no sería así…
Me levanté y fui al baño como
siempre lo hago, seguí con mi rutina de baño y desayuno como siempre, pero no
era igual, era como si una sombra se situara a mi alrededor como empujando mis
acciones, como indicando las decisiones y los caminos que debía tomar, me
sentía como si una especie de sombra cristalina y blancuzca al mismo tiempo, me
fuera halando, como si las sombras invencibles de la gravedad guiaran cada uno
de mis pasos, para evitar que mi cuerpo simplemente saliera flotando sin razón
ni motivo y sin peso.
Me dejé llevar ya que al fin y al
cabo solo era que aún no había despertado lo suficiente, y simplemente seguía
en esas nubes, entre sueños, como si despertar fuera más duro que seguir en mis
sueños creando el mundo que deseo tener. Fue así que cuando sentí más peso en
el cuerpo, pestañee y ya me encontraba en la parada del bus, me miré y no
entendía ni que ropa me había puesto, a pesar de que iba para el trabajo, no me
importo llevar ropa de todos los colores y hasta me había puesto tenis. Solo
por hoy ya nada me importó, la chica siempre puesta en su sitio, la que nunca
tenía un cabello fuera de su sitio, solo por hoy, no quería ser ella. Seguí
esperando el bus y me sentí de nuevo en ese aletargamiento y sabía que me
movía, pero sin saber ni a donde ni con qué rumbo, seguí como aquellas vacas
que llevan al matadero, me dejé guiar, me dejé llevar.
Algo dentro de mí estaba a punto
de gritar, estaba a punto de estallar a decirme que en definitiva, esto no
podía seguir, no podía seguir como una veleta que lleva el viento. Pero el peso
del cuerpo, del pensamiento y el aislamiento de este mundo, no me dejaron más
que impávida ante las situaciones que me pasaban ¿Habría algo de cambiar
durante el día? ¿Qué me pasaba? De repente algo llamo mi atención, había una
persona mirando por la ventana con la mirada perdida, se parecía a mí, me pareció
verla como un espejismo pero al mismo tiempo con toda la claridad, era yo, o al
menos, estábamos en la misma situación de perdición dentro de nuestros
pensamientos.
Empecé a imaginármela en su vida
diaria, en si tenía novio, en que comería en la mañana, en si estaría yendo de
camino a cumplir sus sueños y anhelos o si simplemente, tenía la misma
desilusión que sentía yo en estos momentos frente a la vida. Suspiré y por un
momento sentí como si el aire fuera más denso y yo pudiera irme flotando por los
aires, como hace uno a veces en los sueños, ¿estaba tan cansada de la realidad
a caso qué ya quería irme volando?, algo debía cambiar.
Cerré los ojos y al abrirlos, ya
estaba frente a mi computador, con mi jefe al frente mío dándome las
instrucciones del día, no sabía cómo había llegado. Inicié mi trabajo, y de
repente me encontraba frente a un nuevo plato de almuerzo, comprado en la
tienda de la esquinita, dónde sale barato y al menos no me enferma o bueno no
por ahora con mi estómago de hierro, esa es una ventaja.
A mi alrededor estaban algunos
compañeros de trabajo que hablaban de la jornada matutina, de la ropa que
usaban los chicos nuevos que ingresaron al trabajo y yo continuaba impávida,
igual no era muy conversadora a la hora del almuerzo y tenía un compañero que
adoraba hablar o al menos escuchar el sonido de su voz. De nuevo esa pesadez
llegó a mí y al abrir los ojos me encontraba en medio del bus de vuelta a casa,
esta vez tenía algo en la mano, no recordaba si era un postre que había
comprado o si me lo habían dado, cuando lo revisé me di cuenta de que era algo
que jamás pediría, así que lo más seguro es que por cortesía lo había recibido
de algún colega con buenas intenciones. No sabría que iba a hacer con el
postre, pero botarlo no era una opción.
Llegué a casa un poco más
consiente de mí, pero con esa horrible sensación de haber perdido un día
completo de mi vida, en ese momento me desperté de esa exhortación y me odié,
me odié porque no había dominado mi cuerpo en todo el día, me había perdido de
todo, no me había gozado un segundo, no sabía que había dicho ni hecho en todo
el día, no recordaba ni el sabor del almuerzo, ni los diferentes olores. Me
odié profundamente y quería arrancarme hasta la piel pensando que así
despertaría. ….
Fue así que un fuerte dolor de
cabeza, me hizo despertar del todo, me giré y caí de la cama, estaba sudando en
medio de la noche, miré el reloj y eran las 4:25am, aún faltaba como una hora
para finalmente despertarme, ya no sabía que pensar, no sabía cuál de los dos había
sido el sueño, si el de antes o el de ahora, pensé en pellizcarme como hacen en
las películas, pero luego recordé que en mis sueños también siento olores y
dolor… ¿Ahora como sabría si estaba despierta o dormida?
Decidí ir al baño, echarme agua
en la cara y tratar de despertarme lo más posible, mi cuerpo se sentía mejor,
más suelto, más libre, sin tanta pesadez, con las ideas claras y con
determinación de qué la vida no podía ser una rutina simple y llanamente. Traté
de aclarar todo el cúmulo de situaciones que había vivido y me di cuenta, ese
había sido un sueño, pero un sueño que ya había vivido, porque era la rutina
diaria de cada día, era lo que hacía cada mañana y lo que no me dejaba pensar,
actuar ni ser.