Aqui en desde el confesionario les escribo jaja:
A veces cuando se es niño se piensa en querer ser un ser especial, alguien diferente a los demás que gracias a sus habilidades, puede ser excepcional y llegar a distinguirse entre sus iguales, para poder ayudar a otros. Eso es lo que soñaba yo y esta es mi historia. Una vez cuando era pequeña al oír pelear a mis padres, miraba sus sombras en la pared y deseaba poder desaparecer o poder salir volando de aquella habitación. Tal vez volar a la luna para comprobar si, si era de queso como muchas personas lo afirmaban, apara escapar de esa realidad a la que me enfrentaba. Con el tiempo comprendí que a veces, es bueno discutir para llegar a puntos comunes y que pues no era mi culpa nada de lo que afuera de mi cuarto pasaba.
Lamentablemente la situación que pasaba en mi casa, yo la veía reflejada en mi relación con mis compañeros, me transforme en esa persona a la que muchos temían a la que muchos detestaban por mi mal genio o mal comportamiento. Tenía hasta mil y un apodos, que me hacían enfadar más y pensar que nadie me quería que nadie me amaba. Fue al ver que estaba sola, que decidí cambiarlo todo, convertirme en otro tipo de persona, en lo que yo era verdaderamente, una persona que nació para ayudar a los demás.
En esos largos recreos veía como los demás se divertían, mientras yo comía lo que mi mamá me mandaba en la lonchera. Me sentía tan triste tan desorientada, sintiéndome culpable por todo aquello que decía y que lastimaba a los demás. Entre a un nuevo colegio y decidí ingresar a un equipo de patinaje, me empezó a ir muy bien aunque no me llevaba del todo con algunas de mis compañeras y cuando ya iba a empezar mi entrenamiento para competencias, me enfermé y no pude seguir patinando, eso me dejo aún más triste por que era mi sueño y se vio truncado por algo que no podía controlar.
Así pasó el tiempo entre en la universidad, un día estaba en clase y una de mis profesoras nos hablaba de las diferentes culturas que existen y su influencia en nosotros como colombianos, en todo ese legado que hemos recibido y que se encuentra intrínseco en nuestro diario vivir.
Ella nos recomendó varías lecturas, para que pudiéramos aprender más acerca de lo que nos rodea y como de muchas maneras estamos todos conectados así hablemos diferentes idiomas y vivamos tan alejados unos de otros. Al final de la clase uno de mis compañeros se me acercó y me pregunto: “¿Sabes si esa tarea es para entregar?, ¿sabes si es para leer o hacer algo con la lectura y entregarlo para nota?” Mi respuesta fue decirle: “¡¡¡¡¡No, no es para entregar, es para aprender!!!!!” y lo mire con una cara de que había hecho la pregunta más tonta de la vida.
El se sintió muy mal por mi respuesta y todo lo que me dijo fue “ah ok” y se marchó. Al principio pensé que yo lo había hecho bien, que le había explicado que las tareas no son simplemente para sacar una nota en un papel sino para aprender, pero pronto me di cuenta que lo había lastimado, hubiera podido hacer tantas cosas, se lo hubiera podido explicar de tantas maneras, pero no, escogí la peor.
Esta sólo fue una de las muchas ocasiones que contestaba a mis compañeros de una forma tan grosera, que cuando llegaba a casa, me sentía muy triste, me sentía culpable por lo que había dicho, pero todo se volvía en un círculo interminable de insultos y agravios de mi parte a mis compañeros y viceversa.
En ese momento recordé, lo que pasaba con mis padres cuando era pequeña, recordé como las peleas se convierten en un juego de ping pong en el que los insultos, vienen y van y donde nadie es ganador, por que cada vez que lastimas a alguien, creas en su corazón una herida y aunque esta cierre con el tiempo, la cicatriz siempre permanecerá.
A veces se cree que herir y pedir disculpas es lo mejor, pero a veces sólo con el tiempo aprendemos que uno debe aprender a sanar por dentro antes de tratar a otras personas, es decir, perdonarse, entender que somos seres imperfectos y que aprendemos mas de los errores que de los aciertos y que siempre hay una oportunidad para seguir adelante. Que las preguntas bobas no existen, que el querer ayudar no es símbolo de debilidad, que el querer lo mejor para los demás no significa que uno no quiera nada para uno, sino que no hay nada mejor que recibir una sonrisa, por el pago de algo bien hecho.
Fue así que empecé a salir de ese cascarón en el que me encontraba, ya no quería seguir estando sola, ya no quería encerrarme entre mi chaqueta como si fuera el caparazón de un cangrejo que corre y se aleja protegiendo un frágil interior, que ataca, para que nadie se a aproxime y lo lastime. Además ¿esa era la forma en la que quería sobresalir de la gente del común era esta?, ¿esta era la forma en que quería ser reconocida? ¿Quería convertirme en una persona a la que todos temen?
Pensé mucho en todo lo que quería hacer y por que debía hacerlo, pensé en cual sería el objetivo de estudiar, de aprender, de vivir. Por eso decidí que si uno sueña puede llegar a donde se quiera y para que los sueños sigan adelante lo mejor es ponerse metas, aprender que cuando uno tiene una meta, el camino se hace duro pero sólido y que cada paso es sólo un escalón para llegar a donde se quiere.
Me integre al grupo de teatro de la universidad, allí conocí a muchas personas que me enseñaron muchas cosas, personas que me enseñaron que el problema de decir lo que se piensa a otros, no esta en lo que se dice sino en como se dice. Allí conocí a una miga llamada Julia, ella es una persona de esas que siempre esta calmada, es una persona que recibe una dificultad con una sonrisa y ve el problema como una oportunidad de seguir adelante.
Con ella compartí muchos momentos de alegría pero también muchos de tristeza. Un día me encontraba yo en clase de ingles y estábamos haciendo un debate, el tema que se había propuesto era muy profundo y pues la mayoría había decidido tomar la misma decisión. Si esto se trataba de un debate, pues estar todos de acuerdo, no nos iba a llevar a ningún lado, por eso decidí plantear ideas opuestas para que así pudiéramos continuar con la actividad. Muchas idea fueron y vinieron, pero básicamente era yo sola, contra el resto del salón y pues cuando salimos me sentí alejada por que todos mis compañeros pensaban que lo había hecho a propósito y que a mi me gustaba llevarle la contraria al resto de la humanidad.
Me encontré a mi amiga Julia en el pasillo, ella me pregunto lo que me pasaba y le conté lo que había sucedido, ella me escucho y me dio su punto de vista y me mostró que a veces uno se culpa y le da vueltas a cosas que pasan por la cabeza, uno se queda pensando en mil y una cosas que pueden estar pensando otras personas y pues la verdad es que nos desgastamos sin necesidad, uno puede estar triste, sentirse sólo, pero hay que seguir adelante, hay que pensar que más allá de los problemas hay que trascender a encontrar soluciones y aprender para no volver a fallar. Cada vez que yo tendía un problema, ella aparecía mágicamente a ayudarme y darme uno de sus mejores consejos.
Hace poco hice una audición para un grupo de danza y pues empecé en el grupo, aprendí cuanto me enseñaron, pero luego de un tiempo me comentaron que me faltaba más actitud para este tipo de actividad y me sentí defraudada por esto, por no alcanzar lo que quería.
Creo que todo cuanto no he podido culminar, (el patinaje, el grupo de teatro, el grupo de danza), no son derrotas, sino que son aprendizajes, ya que cada una de las personas que conocí y todas las cosas que hice me enseñaron algo y me dieron más fuerzas para salir adelante.
Es ahora que entiendo que un héroe, un genio, un superdotado, un modelo a seguir no se mide por la fuerza, por la imponencia de sus ideas, ni por su prepotencia, sino por el amor y la sabiduría que hay en su corazón, no sólo para cambiar, sino para aprender de sus errores, para ser cada vez mejor y tener la fe y la consistencia para seguir adelante.
No sé que me deparará el futuro, lo que si sé, es que no voy a detenerme hasta alcanzar mis sueños, ser la mejor en todo cuanto haga, algún día seré reconocida por lo que he aprendido y en todo lo que puedo dar, y esto no lo hago para que me alaben, sino para ayudar a los demás y para ser por siempre feliz.
¿Y tú que harás?